Trilogía zombi de David Wellington

Por extraño que pueda parecer que un individuo que disfruta con el apasionante juego de la escritura y siendo un ávido lector, no haya escrito nunca en su blog ninguna crítica literaria. La explicación es bastante simple. Sé lo que cuesta escribir un libro. Conozco los entresijos del desarrollo literario, me he perdido más de una vez en el complejo laberinto de las correcciones y revisiones, he sufrido la angustia de llegar a un punto ciego en una historia que me apasionaba en un principio y he ejercido demasiadas veces como verdugo de buenas escenas que liquidaba por el bien de una obra o incluso he llegado a desechar bastantes ideas por no ser tan interesantes como aparentaban al comenzarlas. Y no solo eso. La verdad es soy un lector conformista. Todo lo que leo me gusta, en mayor o menor medida, pero incluso ahora no consigo recordar textos que haya aborrecido, dejado a medias o directamente haya catalogado como anodinos o simplemente malos.

Todo este preámbulo para dejar claro desde el principio que esta primera crítica literaria que escribo surge de mi más profundo sentimiento de rabia por haber perdido varias horas de mi vida leyendo una trilogía de libros que se me ha atragantado como nunca antes lo había hecho ninguna otra obra. Ni siquiera los primeros pasajes descriptivos de El señor de los anillos había llegado a provocarme tantos bostezos seguidos.

No quiero dármelas de sabiondo o de erudito de salón, pero es que los tres libros que ha escrito el bueno de Wellington ya podrían haberse quedado en el más lóbrego y polvoriento cajón de la editorial o agencia que decidió lanzarlos a la venta. En concreto se trata de tres títulos: Zombie island, Zombie nation y Zombie planet. Tres libros interconectados entre sí por algunos personajes y por el hecho de tener a una plaga zombie apocalíptica como hilo conductor.

David,en la primera novela, nos desgrana el desolador panorama de un mundo conquistado por los muertos vivientes. Solo unos cuantos países tercermundistas han conseguido sobrevivir gracias a que sus habitantes ya estaban inmersos en una cotidianidad de violencia armada antes de la epidemia. Un inspector de la ONU sobrevive como puede en uno de estos países, en el que su dictadora esta enferma de cáncer. Para salvar su vida, manda al inspector a Nueva York para que haga acopio de tratamientos para curarla o para alargar su vida durante el máximo tiempo posible. El pobre hombre no tiene más remedio que aceptar, puesto que, de lo contrario, la integridad de su hija podría verse afectada como medida represora. Al llegar a la isla, el inspector y el grupo de chicas adolescentes soldado que lo acompañan, deberá abrirse paso entre el ejército de no muertos que campan a sus anchas por la Gran Manzana.

La segunda novela, Zombie nation, cuenta los orígenes de la invasión. La protagonista es una mujer con amnesia que acaba de convertirse en zombie pero, por algún motivo, conserva su mente lúcida y descubre que tiene poderes psíquicos.

El tercer libro, Zombie planet, continúa la historia años después de la primera, con la hija del americano como protagonista, emprendiendo un viaje de regreso a Manhattan en un último y desesperado intento por encontrar refugio y respuestas. Estamos ante la más abstracta, bizarra (en el mal sentido) y soporífera de las tres.

Tan mala opinión de estos libros la cimiento por culpa de la incapacidad de Wellington por narrar una historia de zombies pura, intoxicando su trama con espíritus verdes fluorescentes, hombres lobo, zombies filósofos, shamanes, druidas ancestrales, momias egipcias, magos épicos, plantas zombie, muertos vivientes metamorfos y demás aberraciones que nos alejan de lo que realmente busca el lector que paga por una novela de zombies: Supervivientes humanos sin súper-poderes (carnaza) y no muertos (también sin poderes especiales y sin razocinio alguno a ser posible).

A todo este circo, hay que sumar un reducido elenco de personajes humanos a los que no consigues coger ningún tipo de apego o aprecio; con lo que sus muertes acaban por importante un bledo e incluso pueden causar regocijo en el lector, puesto que al llegar el contador de supervivientes a cero, en consecuencia, antes nos plantaremos en el tan anhelado y esperado final.

Que yo me arme con estos argumentos puede ser considerado como cínico, ya que soy el primer defensor de la mezcla de géneros, pero eso no quita que se haga con un mínimo de criterio. Y es que por mucho que me guste la simbiosis de temáticas divergentes, hay que ser consecuente en todo momento y no abusar gratuitamente, incluyendo en una misma obra demasiadas temáticas y, sobre todo, hacerlo con aquellas que puedan trabajar en equipo sin que el espectador o el lector acabe rechinando los dientes. Por poner un ejemplo, no hay problema en contar una historia de vaqueros del antiguo y salvaje oeste americano que se enfrentan a una invasión alienígena. Es arriesgado, pero ahí tenemos la película de Daniel Craig y Harrison Ford, que puede calar en cada persona en un tanto por ciento más o menos bajo o alto, pero no se puede negar que se trata de un punto de partida llamativo y comercial. Ahora bien, sería un error rodar un western con marcianos y, de pronto, que apareciese un vampiro que trabaja como detective privado, y que acabe salvando a los vaqueros de la invasión con la ayuda de un dinosaurio bailarín, que viaja al futuro con una capa mágica para traer a Chuck Norris al poblado como último recurso para vencer a los alienígenas. El resultado de tan increíble y desconcertante pastiche de ideas y conceptos no me voy a molestar ni en describirlo. Wellington, en su trilogía, ha hecho algo parecido a mi ejemplo. No me cuesta nada imaginarlo en su estudio tecleando frente a su ordenador, pensando que iba a revolucionar el mito del zombie moderno, sin percatarse de que lo estaba forzando a ponerse de rodillas para humillarlo delante del resto de géneros mayores, que ahora tienen excusa y argumentos de peso para menospreciar la narrativa de terror zeta.

Para terminar, elogio la técnica de Wellington a la hora de describir situaciones y sumergir al lector en las escenas de acción. Al César lo que es del César, y hay que remarcar que estamos ante un buen escritor, pero eso no quita que desee que no vuelva a utilizar jamás un procesador de textos hasta que aprenda a focalizar y seguir una cierta lógica dentro de la propia ficción que está creando.

No me molesto ni en puntuar los libros, porque aún estoy esforzándome por borrarlos de mi memoria. Mantener fuera del alcance del lector neófito, pero sobre todo, absténgase entendidos y aficionados al género zombie.

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6 Respuestas a Trilogía zombi de David Wellington

  1. yuri dijo:

    Hola! Yo me he comprado la trilogía aquí en México (te irás para tras al saberlo) en tan solo ¡¡¡$100.°° mxn (cien pesitos)!!! así es, ya terminé el segundo libro y después de terminar dos libros que dejé en pausa (El Color Purpura y Rastro) me dedicaré a leer el tercero. Gracias por tu blog y pues no quise leer tu reseña del tercero para no darme spoilers jejeje

  2. yuri dijo:

    Oh, ¿a ti no te gustaron los libros de David Wellington? ¿me podrías recomendar otros buenos de zombies? Menos ese de orgullo y prejuicio zombie…. no me siento preparada para darle una oportunidad a ese libro…

    • Antonio S.V. dijo:

      A mi me gusta mucho la trilogía de El Cuarto Jinete, de Víctor Blázquez, así como las novelas de Tom Z Stone, de Joe Álamo. Todas estas las edita Dolmen, que sí que distribuye en México, según tengo entendido. 🙂

  3. Andrés dijo:

    Interesante contenido que me sirve como ejemplo de que cada persona es un mundo. Entiendo los puntos expuestos. Soy amante del género zombie. Apenas he leído el primero de los 3, pero contrario a muchos de los puntos del análisis, a mí me pareció una genialidad en todo sentido, por supuesto que no existe un libro con una historia perfecta, pero me encantó la originalidad y la narración de los hechos, el punto de vista desde el personaje de Dekalb, donde en determinados momentos pasa a ser un punto de vista omnipresente sin notar el cambio hasta que de pronto e das cuenta de que estás “viendo otra cámara”.

    Siento que el punto de vista de Gary y esos “poderes” que tiene son un aporte muy valioso para no repetir lo mismo que ya conocemos todos de un género que se ha sobreexplotado y cuyo refrescamiento de ideas no le viene nada mal. ¿Acaso no es interesante conocer el punto de vista de los zombies? Lo de las momias está igualmente válido, son muertos, ¿no? Y están en un entorno muy diferente al de la descomposición.

    De igual manera como lo mencionas, la narración de los mometos de acción son mu destacados. Incluso, no es para nada aburrido incluso en los puntos bajos. Entiendo que por gustos no sea agradable para alguien muy purista en el género, y es algo perfectamente válido. Pero siento que el libro (al menos el primero), es una historia que vale la pena con un contexto un poco diferente a lo acostumbrado. Así que en contraparte, yo sí recomiendo el libro para los interesados en el género.

    En cualquier caso, agradezco este contenido, porque puedo conocer un punto de vista que me permite ver los posibles puntos negativos que pueden ver otas personas… Saludos.

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